Habíamos escuchado que viajar por Japón podía ser confuso, lleno de rutas, trenes y templos perdidos entre el silencio.
Pero el itinerario que recibimos fue claro, mas claro que el agua.
Día a día, cada paso estaba marcado con sabiduría: lugares poco conocidos, horarios perfectos, recomendaciones para comer, hasta pequeñas señales que solo un guía con verdadero honor conoce. Nos sentimos seguros, acompañados aun en la distancia. Fue como caminar junto a alguien que ya había recorrido ese sendero incontables veces.